viernes, 26 de abril de 2013

En Tus Brazos Soy Ella ...

AUTORA: SHAROM


Un hombre joven de aspecto normal llega a un hotel, uno de buena calidad, uno lindo y cómodo, toma una habitación y sube acompañado solamente de una maleta de buen tamaño, entra al cuarto y comienza a desnudarse, al quitarse la ropa se revela un cuerpo sin vellos y los movimientos se vuelven más delicados, el chico, se pone una súper corta batita de raso rosa y nada más, saca su teléfono y marca un numero de memoria que no se atreve a guardar en su agenda, con voz queda y afeminada dice: “ya estoy aquí, es el cuarto 313”, la otra voz en un susurro de secreto le responde: “ estaré allí en 5 minutos”.
Cinco minutos que parecen horas después, tocan a la puerta suavemente, nuestro nene entreabre la puerta y al ver quién es sonríe, termina de abrir y entra otro chico, un poco mas moreno e igual de atractivo, Una vez adentro, el primero ayuda al segundo a deshacerse de la ropa y a abrir la maleta, cuando el segundo chico está desnudo el primero le entrega un bolsa de regalo, muy femenina y coqueta, le dice “para ti”, el otro lo abre emocionado y con gestos muy afeminados y saca una mini bata igual a la rosada pero en un color blanco con apliques lila, el chico de rosa ayuda al nuevo a ponerse la bata y ambos se miran uno al otro con cara da pura felicidad y después abrazadas por la cintura se miran juntas al espejo. Desde allí, juntas, comienzan cada una a sacar de su maleta sus tesoros de ropa, zapatos, maquillaje, pelucas, ropa intima, accesorios y mil cosas más, todo tan femenino, algunas cosas demasiado hasta para el gusto de la mas coqueta mujer, se muestran los contenidos de sus maletas, se los elogian, se los piropean, se los coquetean. Cada vez los gestos, las voces, las palabras, los movimientos se hacen mas y mas delicados, refinados, sexys, sutiles y amanerados, una selecciona lo que la otra se pondrá, ya no pueden pensar en sí mismos en masculino, son ellas, son nenas son mariconcitas desde ya. Se sientan una junto a la otra, frente al espejo de la peinadora con grandes estuches de maquillaje para proceder a transformar sus rostros en obras maestras de femineidad con mil detalles. Horas pasan, pero la excitación solo aumenta, más detalles, pestañas postizas, bases, polvos, sombras, rímel, delineador, coquetería. Se miran y se sonríen, ya han comenzado a llamarse por nombres distintos a aquellos con los que llegaron, Marissa de rosa y Nadine de lila, no pueden ocultar sus emociones ni el bulto que se dibuja bajo sus batas. Ambas nenas se ayudan a hacerse las uñas de manos y pies, esperan a que se sequen hablando de cosas que nada tienen que ver con sexo, pero la emoción no baja, ambas se levantan tomadas de las manos y se miran a los ojos y se dan un beso que es apenas un roce de labios, un susurro boca a boca... sintiendo la respiración de la otra, se dirigen a la cama donde están desplegadas sus galas para esta noche, y comienzan a vestirse con ayuda de su amiga.

Primero la ropa interior, Marissa se enfunda en unos cacheteros hechos completamente de encajes rosa fuerte y Nadine se cubre con una tanga de color blanco que apenas puede contener su excitación. Nadine le pide ayuda a Marissa con el brassier y esta se lo abrocha en la espalda y Nadine toma el bustier de Marissa que hace juego con sus cacheteros y se lo sujeta por detrás, el bustier tiene ligueros y Marissa se sienta y desenrolla las divinas medias color piel en sus piernas; la medias blancas transparentes de Nadine se sostienen sin ligueros en sus largas y bellas extremidades. Esta noche ambas han decidido que no usaran rellenos, son sissies y están orgullosas, si la otra quiere tocar sus pechos, ellas quieren sentirlo.

Se miran y cada una posa para la otra. Se desean y se nota, pero no hay nada más delicioso que esperar impacientes por el placer prometido
Marissa toma su vestido de la cama, es corto strapless con alguna pedrería sobre el busto y un sash o cinturón de tela marcando la cintura, suelta el cierre por detrás y se mete en el permitiendo que recorra cada curva de su feminizado cuerpo, se mira al espejo y ajusta los detalles de su atuendo.

Cuando mira a un lado, Nadine esta cubriéndose con un delicado vestido blanco, con un solo hombro, falda corta pero suelta, hecho de organza, drapeado para mostrar la figura de señorita que ahora posee. El vestido, algunos centímetros sobre la rodilla, coquetea entre la sensualidad y la inocencia, el blanco marfil contrasta con la piel tostada de Nadine como un sueño.

Marissa pone su mano de uñas pintadas en el talle de Nadine y esta la mira con ojos de adoración, acaricia su mejilla con la palma de la mano y le dice, “mi diva” a lo que Marissa responde llamándola “mi princesa”.

Vuelven a sentarse frente a la peinadora sin decir más, sobre el mueble reposan dos hermosas pelucas y cada una toma la suya, Marissa lleva ahora una cabellera negra, ondulada, con una larga pollina sobre un ojo, larga hasta la mitad de su espalda, que la nena acomoda sombre su hombro izquierdo. Nadine se adorna con una peluca rojiza oscura que remata su color de piel, es lisa de puntas onduladas, que cae sobre la frente al más puro estilo de las divas de los 40.

Luego accesorios, para Marissa una breve y fina cadena de plata con un corazón rosa que coquetea entre sus inexistentes pechos, un brazalete de pedrería rosa y blanca en su muñeca derecha y zarcillos largos a presión a juego con el resto. Nadine por su parte, cuelga largos aretes de candelabro en sus lóbulos, una delgada cadena de plata en su muñeca derecha y un brazalete de esclava en su brazo derecho sobre el codo
Ambas llevan anillos, Marissa un corazón de swarozky en su dedo anular derecho y un solitario rosa en el dedo medio de la mano izquierda y a su lado una exquisita banda femenina de plata que se repite en el mismo dedo de Nadine. La morena también lleva un anillo doble de plata muy delicado en el anular de la mano derecha y nada más.

Nadine cruza su pierna delicadamente, para luego tomar del suelo su zapatilla cubierta en brillantes piedras con un tacón de 15 ms que alarga aun más sus piernas y estiliza aun más su figura de princesito. Mientras, Marissa prefiere ponerse los suyos de pie, metiendo su delicado pie en las sandalias rosa con talón cubierto y con una delicada correa al rededor de su tobillo.

Casi listas Nadine toma una botella del mueble y con la otra sujeta delicadamente el rostro de Marissa mientras le coloca un suave rocío de Paris Hilton a su amiga, y próxima amante, detrás de las orejas, en su escote y coquetamente bajo su falda, Marissa hace lo propio con su compañera, tomando el frasco de RicciRicci y aplicándolo en los puntos más sexys de la anatomía de la otra.

Las muñecas posan para sí mismas, para la otra, para el espejo y luego para las cámaras fotográficas que guardarán el momento, las poses se hacen más imaginativas, sexys, femeninas y sensuales, pero siempre elegantes como las divas, las damas que son...
Luego de mucho posar, Nadine propone un brindis y del mini bar saca una botella de vino blanco dulce, mientras Marissa toma dos copas que son llenadas antes de brindar "por nosotras, por esta noche, por ser nenitas, por ser una de la otra"; al brindis le sigue un beso, el primero real y el más anticipado de la noche, se acercan delicadas y etéreas, las manos de una en la falda de la otra o rodeando el talle de su amante, es sutil, suave pero cada vez más intenso, los labios se entreabren para dar paso a las lenguas, los dientes, y pequeños gemidos de placer escapan de nuestras bellas princesas, la mano de Marissa se cuela por debajo de la falda de Nadine y juguetea con el tope de la media, juega con golpecillos, estirando las ligas y soltándolas para escuchar el chasquido, al mismo tiempo, Nadine aprieta la cintura de su princesita como signo de posesión y su otra mano roza el pecho de Marissa, pero hay mucha noche y madrugada por delante, no hay porque apresurarse.

Marissa se levanta, camina hasta el otro extremo de la habitación para acercarse hasta el estéreo, y de la radio suena música perfecta para bailar pegaditas, al regresar, extiende su mano para que Nadine la tome y acepte su invitación, pero no hay que equivocarse, no hay nada masculino en aquella invitación, es hecha con la delicadeza de una flor y los amaneramientos de la loquita más fuerte de todas.

Nadine acepta encantada y se entrega a los brazos de su muñeca, se funden en la otra al ritmo de la música, suave... lenta.

Huelen el perfume de la otra, sienten la tela del vestido de su amante, son mariquitos divinos disfrutando de su femineidad y la de su pareja, las piernas cubiertas por medias se entrelazan, los suaves alientos se mezclan entre cortos y largos besos, caricias que van desde las piernas desnudas y pasan por toda la geografía vestida de ambas diosas, las mismas ninfas estarían envidiosas de ver tanta femineidad.

Durante la noche pasan las copas de vino, pasan los besos, pasan las caricias, pasan las divinas palabras de pasión, con las horas llega la innegable realización de que ya no se puede esperar más, Marissa voltea a su maleta y toma algo de ella, con un beso corto se despide y se mete al baño cerrando la puerta detrás de ella.

Sin esperar más, Nadine desabrocha su vestido y este cae al suelo al rededor de sus tacones, se quita el brassier desnudando su pecho. La diva toma de su maleta un diminuto babydoll con copas armadas y retocadas en encajes, es tan corto que revela la mínima tanga y el bulto que ya no puede esconder, acercándose al espejo Nadine se retoca el labial y se rocía un poco más de perfume, cuando escucha que se abre la puerta del baño, se voltea lánguidamente a ver de dónde sale Marissa, poco cubierta con un babydoll que parece un tutú de bailarina increíblemente inocente y sexy, maquillaje retocado y caminando como una modelo en pasarela.

Se planta coquetamente frente a Nadine y se admiran una a la otra una vez más, el abrazo sigue y las sonrisas no se atreven a salir debajo de los nervios y la pasión acumulada. Pronto ambas se retuercen hermosamente entre sedas y encajes, labios pintados con labios pintados y en unos segundos la cama se hace su cielo privado.
Es Nadine la que primero se adueña de la situación y despoja a Marissa de sus panties, pero "solo" de sus panties, ni el babydoll ni los tacones dejan su piel. Los labios de Nadine buscan saciar su sed desde el clítoris de la otra mariquita, su lengua hace estragos por todo el sexo de la otra ninfa que ahora llora y gime de placer puro.

Pronto los papeles se revierten y es Marissa quien llena su boca con el erecto órgano femenino de Nadine, durante la noche apasionada, las posiciones varían y la búsqueda del orgasmo se hace frenética, pezones chupados, culitos lamidos, clítoris besados, caricias entregadas, los orgasmos se repiten toda la noche, uno tras otros y una tras la otra.
Lo divino de dos clítoris de mariconcita rozándose hasta acabar o la belleza de un pezón de nenita afeminada pintado de rosa por un beso, son maravillas que no se podrían conseguir de otra manera y que no entendería quien no fuera un mujercito apasionada.
Al rayar la madrugada ambas entran a la ducha juntas para darse el ultimo placer y despedir la mejor noche de todas, un último beso dice adiós a la maravilla de la femineidad antes de decir “hasta una próxima vez”, no sin antes ponerse las panties de la otra bajo la ropa de hombre al salir.

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